Mi querido niño:
No puedo evitar sentir cierta preocupación por ti cuando
pienso en tu futuro. Con catorce años, has decidido correr mucho en la vida y
ser un alumno aventajado. Lo malo, es que no te has dado cuentas que has
elegido las asignaturas erróneas, aquellas que te llevarán a la mala vida e
incluso a terminar solo o muy mal acompañado.
Cuando te veo con el cigarro en la mano y los ojos
enrojecidos no puedo dejar de sentir impotencia. No sé cómo ayudarte ni ayudar
a tu familia. Estamos haciendo todo lo que el estado nos deja hacer por tu edad
y situación. Está claro que las leyes se equivocan. Porque no estás
respondiendo y pasan los días y en vez de mejorar... sigues haciendo cosas que no
te corresponden por tu edad y que te perjudican.
Me preocupa lo que pueda ser de ti. No quieres estudiar y
provocas continuas acciones de rebeldía en el colegio para que te expulse. Has estado
un mes y ahora vuelta a empezar. Sin duda alguna sabes lo que tienes que hacer
para lograr la expulsión y evitar el colegio.
En casos así me paro a pensar ¿Qué estamos haciendo mal?
Aunque pienses y le digas a tu madre que paso de ti… te hago saber que te llevo
sobre mi alma. Simplemente es que no sé cómo actuar. A veces no sé cómo
responder ante contestaciones y gestos desafiantes que recibo… siento que te he
perdido y mi alma arde de rabia de pensar que eso es así.
Me niego a creer que no haya nada que te haga cambiar de
opinión. Busco la manera de encontrar ese punto que tenemos todos y que nos
hace abrir los ojos. Pienso continuamente en los pasos dados para ver en qué me
estoy equivocando… siento rabia e impotencia… porque no quiero perderte y no
veo solución.
Todas las noches me acuesto pensando en todos vosotros. Hay días
que sonrío de satisfacción por los resultados y las noticias recibidas…pero hay
otros días en los que me pregunto qué más puedo hacer para ayudaros a niños que
como tú están perdidos en la vida.
Sois minoría, gracias a Dios, y quizá por eso los
gobernantes y aquellos que hacen aplicar las leyes no busquen soluciones para
casos como el tuyo. Pero para mí tú eres único. Irremplazable. No tendré más
como tú y no quiero dejar de luchar por ti.
No leerás estas líneas pero te las hago llegar con mi alma.
Necesito que me digas cómo ayudarte. Necesito que pidas ayuda. Necesito que
quieras salir del hoyo y volver al camino correcto de un niño de tu edad.
Necesito verte recuperar las ganas de sonreír, de vivir. No sé si lo voy a
lograr pero, pienses lo que pienses, que tengas muy claro que siempre voy a
estar y que seguiré en el intento de encontrar la forma de ayudarte.
Tu seño Nena!!

No hay comentarios:
Publicar un comentario