sábado, 19 de julio de 2014

Enamorada de mi trabajo...


Siempre me ha gustado estar rodeada de niños. Tengo claro el por qué… y es porque ellos te hacen la vida fácil. Discuten y al minuto vuelven a ser amigos…se caen y son de plastilina. No tienen problemas y si los tienen, no profundizan en ello.

Muchos de ellos llevan sobre sus espaldas dificultades que nos afectarían a los adultos. Resuelven las situaciones que les toca vivir de una manera ejemplar. Son mi referencia. Cuando sé lo que esconde una de las miradas de mis niños y les veo sonreír, jugar y disfrutar de la vida… me hacen ver lo que es realmente importante.

Ayer nos fuimos de excursión con los más peques del campamento. 38 niños menores de 7 años que nos dieron grandes lecciones de vida.

Que no hay piscina, pues echamos agua por los columpios y lo convertimos en parque acuático… que a Hugo se le olvida el bañador…Pablo le deja su ropa de cambio. Que se pierde la toalla de José Carlos,  la buscamos todos… que no trae desayuno Ángel… Ainhoa comparte su bocadillo. Pablo llora porque quiere coger un balón de baloncesto… Antonio se lo da. Luis quiere agua y la de la fuente está caliente, Sergio le da agua de su botella. ¿Cuál era el problema? No había ningún problema… Y así durante 4 horas…apreciando cada gesto de convivencia que los pequeños iban haciendo.

“Nena ven, Nena ven…” me gritaba María José. Y de pronto… ploff… Berni me tiraba un cubo de agua. Lo que ellos no sabían es que tenía clarísimo lo que iba a ocurrir… y dejé que ocurriera. Cada hora que paso con ellos me siento más presente y viva.


Llegó la hora de irnos y todos me miraban y decían “¿Ya? ¿Ya hay que irse?” Almas llenas de vida e incansables. 

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